
Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadano en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose ae para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es un desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.
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